Desde la aparición de los móviles con cámara y las redes sociales, el número de fotos en la red se ha disparado hasta unos impensables 10,5 billones (Sistema Internacional de Unidades, 10.500.000.000.000). Y va en aumento. Esto indujo a Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955) a rebautizar divertidamente a nuestra especie como Homo photographicus.

¿Por qué hacemos tantas fotografías? ¿Porque podemos? De acuerdo, la fotografía moderna (o postfotografía) lo permite hasta niveles jamás sospechados. Pero, ¿por qué queremos hacer tantas fotografías?

Debe de ser algo psicológico, y muchas personas, famosas y desconocidas, hablan de ello; pero nadie con tanta claridad como Susan Sontag en Sobre la fotografía, donde podemos encontrar al menos seis razones para esa conducta tan expansiva.

  1. Fomentar el sentimiento de propiedad: “Coleccionar fotografías es coleccionar el mundo”, pues “Fotografiar es apropiarse de la cosa fotografiada”. Otros hablan de “llevarse el mundo a casa” o de “capturar el espíritu del lugar”.
  2. Aportar evidencias: “Una fotografía pasa por prueba incontrovertible de que algo tuvo lugar”. Por tanto, cuando uno se hace un selfy con un bello monumento de fondo “La fotografía ofrecerá una prueba irrefutable de que el viaje se hizo, que se cumplió el programa, que se pasó bien”.
  3. Calmar la ansiedad: “La propia actividad de hacer fotografías es relajante, y suaviza el sentimiento de desorientación que probablemente ha exacerbado el viaje”, y “El uso de la cámara calma la ansiedad que los orientados al trabajo sienten por no estar trabajando cuando están de vacaciones y se supone que deben pasárselo bien”.
  4. Ofrecer un sentimiento de participación: “La fotografía se ha convertido en uno de los principales dispositivos para experimentar algo, para dar la imagen de participación”.
  5. Conferir inmortalidad: “Una vez terminado el evento, la fotografía seguirá existiendo, con lo que le confiere un cierto tipo de inmortalidad (e importancia) que jamás habría tenido de otro modo”.
  6. Promover la identidad colectiva: “A través de las fotografías, cada familia se construye un juego portátil de imágenes que atestiguan lo unidos que están”.

Algunos autores sugieren otras capacidades de la fotografía que se pueden añadir a la lista de Sontag, como la de privatizar nuestra experiencia visual con nuestras propias fotografías en lugar de tener las imágenes públicas de un lugar o un personaje, o la de tangibilizar los recuerdos mediante álbumes, pósteres o artículos en la red, o probando la existencia en las redes sociales del que ha hecho la fotografía.

Todas estas presuntas razones para hacer fotografías se pueden considerar como intuiciones compartidas, pero existen algunos hechos relativos al sistema visual humano mucho mejor establecidos empíricamente, como, por ejemplo:

  1. Somos capaces de comprender el significado de una escena en menos de una décima de segundo.
  2. Las imágenes incrementan la comprensión de la información solo textual un 20,5 % en los prospectos de medicamentos y hasta un 300 % en las instrucciones de montaje.
  3. El sentido de la vista es el primero en la jerarquía de los sentidos humanos, seguido por el de la audición.
  4. Más del 80 % de los sustantivos y los verbos de 15 idiomas estudiados por psicólogos y antropólogos del Instituto Max Planck se relacionan con la visión.

Y este impresionante funcionamiento del sistema visual humano es muy probable que se pueda relacionar con su anatomía y fisiología. Por ejemplo:

  1. Cerca del 50 % de la corteza cerebral se dedica al procesado de las señales visuales.
  2. Casi el 70 % de los receptores sensoriales humanos están en los ojos.
  3. Cada nervio óptico humano contiene un millón de fibras nerviosas (frente a las 30.000 del nervio olfatorio, por ejemplo).

Como algunos dicen, el cerebro humano esta cableado visualmente.

¿Homo photographicus, entonces? Nos sobran los motivos para sospechar que si lo somos es porque, en el fondo, somos Homo visualis.

Hasta ahora, nuestro carácter visual se ha limitado principalmente en la mayoría de los humanos a la descodificación de mensajes, pero el progreso tecnológico nos ha permitido cada vez a un mayor número codificar mensajes visuales sin ser artistas ni fotógrafos profesionales, y estamos enviando tantos mensajes como queremos, rompiendo nuestro silencio visual.

Por cierto, no creo que esta proliferación de imágenes sea contaminación; creo que se trata de murmullo y parloteo, del aprendizaje de un nuevo lenguaje mediante la práctica.